Estábamos a doce de Julio y por la noche hacía calor. Me costó dormir, pero curiosamente cuando concilié el sueño, empecé a soñar con familiares muy cercanos. Llevo unos días soñando con ellos. A la mañana siguiente estoy relajada y acordándome de las cosas que acaecieron en el sueño, necesito dejar constancia de ellas. Me siento en el ordenador y escribo...
Anoche soñé con mi abuelo, yo era pequeña y él me revolvía el pelo. Esa imagen la tendré grabada mientras viva.
Él era español, de un pueblecito de La Mancha, cómo el Quijote. Le gustaba la música de cantantes como Rafael Farina, Antonio Molina y Juanito Valderrama; también le iba el flamenco. Le gustaba ir a la taberna y tomarse su "chatillo" de vino, mientras conversaba con los amigos del pueblo.
Pero llegó la represión en España, y tuvo que marchar a otros lugares del mundo, a trabajar y a ganarse el pan, como me decía a menudo.
Mi abuela, mi querida Tata, se quedó en Ciudad Real con una niña pequeña y un recién nacido, mi padre.
Mi abuela no soportaba la esclavitud que existía en España, ella siempre fue una mujer adelantada a su época. Moderna y con tanta presión... escribió una carta a su hombre, como ella llamaba a mi abuelo, y le dijo que no aguantaba más, que quería estar a su lado, que aquello era un infierno... y más si se trataba de un pueblo.
Había muchas habladurías sobre la familia de mi abuelo, toda de izquierdas, y su cuñada había fallecido poco después del parto, al caer de una burra. Su cuñado marchó a Asturias, y mi abuelo recordaba aquellas palabras: "mi hermano me dijo que su muerte estaba en la mina". Así fue.
Tres hermanas más se fueron a Valencia, y sólo una de ellas, soltera, se quedó en el pueblo, pero con alguien a su cuidado: la hija del hermano que fallecido en la mina.
Su hermano mayor estaba en la cárcel por ser Rojo y la familia de mi abuela eran de los que querían vivir tranquilos y a los que no les llamaba nada la atención la política.
Dos hermanos de mi Tata estaban de acuerdo con el régimen autoritario de Franco y siempre la preguntaron:
-¿Por qué te enamoraste de un Rojo proveniente de una familia pobre?
Ella contestaba:
-Porque los Rojos son mejores que todos vosotros juntos. Mi marido me da lo que jamás podréis darme vosotros: LIBERTAD. La que nunca tuve viviendo con gente tan estricta.
Se marchó a Francia. Recuerdo los años de vacaciones en el pueblo, cuando mi Tata ponía la cinta y salía mi yayo con la bici, dispuesto a recordar aquél tiempo duro y bonito a la vez... bonito porqué decía que fue cuando descubrió lo que era el compañerismo y el hermanamiento en tierras lejanas a la suya.
Por ellos. A ambos, quiero dedicarles la canción que tanto sonaba en la radio aquellos años de dictadura: El emigrante de Juanito Valderrama.
*********
A la mañana siguiente, seguía acordándome de mis abuelos cuando mi Tata me llamó por teléfono. Fue una sorpresa. Más tarde, cerca de las once de la mañana, me puse de nuevo frente a la pantalla del ordenador para seguir escribiendo sobre mis recuerdos...
Ayer estuve todo el día pensando mucho en mis abuelos, mi abuela me llamó por sorpresa al móvil. Sí tiene móvil, celular, y todo con casi 80 años. ¿No os dije yo que era muy moderna?
Estuve hablando con ella. El día 28 de julio es su cumpleaños y marcharé a Villarta a verla. Ella vive en Madrid, en donde siempre tuvo más libertad de movimiento, pero todos los veranos se va a Villarta y así está cerca de sus hermanos.
Ninguno de ellos ha fallecido aún, y al que más cariño tengo es a su hermano menor Félix, el cartero. Es un sol y muy buena persona.
El que peor, Enrique, el hermano mayor. Escondía a mi abuela las pinturas para maquillarse porque decía que eso era de furcias en aquella época. No la dejaba salir al baile y era como el padre estricto en lugar de ser como el hermano cómplice.
Ese señor tenía un hijo de la edad de mi padre, se llamaba Santi, y le gustaba mucho jugar al fútbol.
Mi padre, cuando venía de vacaciones a Villarta desde Francia, dice que su sentimiento era algo raro, que no se reconocía español y mucho menos le gustaba el pueblo que le vio nacer. Mi abuela mandaba a mi padre ir a jugar con Santi, pero me dice muchas veces que le decía:
-Mamá, no quiero, tu hermano, cada vez que jugamos, y hace algo que no le gusta, le pega mucho.
La madre de Santi, Inés, fue guardándole el dinero que iba ganando el niño, que ya trabajaba con 9 años, y decidieron dárselo para que se fuese a comprar unas botas de fútbol. Iba muy contento. Las compró y de regreso a casa, le atropelló un coche. Mi pobre suegro, dice que vio el accidente, ya que es del mismo pueblo. Vio como el niño salió por los aires, mientras las botas salían disparadas. Mi abuela y mi padre se acuerdan mucho de él.
Yo voy a su tumba cada vez que paso a ver a mi yayo. Tenían una foto suya en blanco y negro. Era muy guapo, tenía la cara muy fina para ser un niño, y los ojos tristes.
Le decía siempre a mi padre:
-Enséñame el francés. Para cuando sea mayor, irme contigo allí. Los tíos no pegan ¿a que no?
Decían antiguamente que un buen cinturón y una educación estricta era garantía de una buena educación.
A mi padre jamás le tocaron físicamente. A pesar de que mis abuelos eran humildes, nunca pegaron. Con hablarles y hacerles ver porqué algo estaba mal, lo entendían a la primera.
Por eso mi padre y mi tía no querían ir ni siquiera en vacaciones, a Villarta.
Ese señor, Enrique, ha rechazado a su nieta, que es de mi edad, porque se quedó embarazada hace 3 años y el padre, o el que puso el granito, se largó. Es más, no quiere ver ni a su bisnieto en pintura.
Ante todo, las apariencias ¿no? aunque sean de su propia sangre. En fin.
Mi padre no podía verle. Jamás le llamó tío. Siempre que iban a su casa, se metía con él:
-Que niño más afrancesado, éste ya es francés. Miradle que delgaducho, ¿qué pasa, no comes allí? Aquí buenos potajes comerías.
Y ya mi abuelo dijo:
-Hasta aquí hemos llegado, precisamente es por eso que nos marchamos de aquí. Parece mentira.
Y mi padre, hoy en día le da unas contestaciones que le deja tieso, porque siempre está diciendo:
-Con Franco no pasaba esto o lo otro o lo de más allá.
Y siempre mi padre:
-Dejémoslo estar, Enrique. Usted y yo sabemos lo que pensamos cada uno al respecto. ¿Por qué insiste cada vez que me ve?
Eso lo he escuchado yo alguna que otra vez.
Sin embargo mi tío Félix es un hombre muy tranquilo, también vio morir a una hija suya, Ángela. Murió de leucemia con diez u once años. Pero es un solete y nos quiere mucho a todos.
Se llevaba bien con mi abuelo y se tomaban los "chatillos" de vino juntos. Fue el único que ejerció como hermano protector cuando vio a su hermana sola en el pueblo con dos niños pequeños y tantas habladurías. Por eso le tengo tanto cariño.
*********
Me levanté algo hecha polvo con el tema de mis abuelos, de nuevo soñé, ya no con mi abuelo fallecido, sino con mis abuelos maternos y mi Tata. Tengo que volver a escribir, lo necesito.
El domingo pasado estuve en el pueblo. Fui específicamente a ver a mi abuela y a llevarle un regalito que hoy es su cumple. 28 de Julio. Creo que hace 80 años.
Como hoy no podíamos ir a verla, quería estar con ella. Fue una decisión rápida y como he estado hablando mucho acerca de ella, quería darle una sorpresa.
Así es que el domingo, mi hermano, mi cuñada, mi marido Robert y yo fuimos a dar un beso a mi Tata y a subirle los ánimos.
Estaba haciendo la siesta cuando llegamos. Doble sorpresa, porque encima estaba desconcertada con el sueño. Cuando me vio se me echó encima.
-Pero hay mis chicos. ¿Qué hacéis aquí?
-Venimos a verte y a traerte el regalito de tu cumpleaños.
-No puede ser, ¿habéis venido hasta aquí para verme?
-Que sí, Tata -Le dijo mi hermano.
La pobre se emocionó muchísimo. No se lo esperaba.
¿Sabéis qué la regalamos? La idea fue mía un pintalabios, que ella aún se los pinta para salir al fresco. Un maquillaje y unas cremas para el cuerpo la cara y las manos. Se puso muy contenta.
Nos dijo lo siguiente:
-Pues me habéis pillado aquí de milagro. Ayer, sin más estaba muy malica. Me tuvo que llevar Petri, la nuera de su hermano Enrique a urgencias.
-¿Y eso?
-Pues hija, es que empecé a sentirme mal, mal, sin ganas de nada, no me dolía nada en especial, pero tenia unas ganas de llorar... estuve vomitando y con diarreas.
-Pero bueno.
-Y me tuvieron que pinchar, porqué apenas podía moverme.
-¿Pero estás mejor? ¿Te dijeron lo que era?
-Sí. No podía dormir sola y Petri me llevó a su casa.
-Pero Tata, habernos avisado.
-Qué más da, cada uno está en su casica y no quiero molestar a nadie.
-Somos tu familia, no es molestia. Que no sepamos qué te pasa me enfada más.
Bien, le diagnosticaron una ansiedad enorme, como la del año pasado de mi abuela materna. Se quedó agarrotada. No le dolía nada, pero le faltaba hasta el aire.
Estuvimos con ella, hablando largo y tendido; más bien hablaba ella y nos dijo que le había salido un novio en el pueblo, pero que ella pasaba de novios, que era un señor que tenía terrenos y casas y estaba en buena situación; pero que ella nunca se fijó en esas cosas, que no era de su agrado, y que ahora que vivía sola y hacía lo que le daba la gana sin dar explicaciones a nadie, no iba a buscarse un hombre para tener que lavarle la ropa, plancharle y hacerle la comida.
Me decía:
-Si es que hay cada uno de exigente, quita, quita. Solica estoy muy ricamente, aunque echo de menos a los nietos y a los hijos. Cuanto tardáis en venir a verme.
Le dije:
-Tata, a lo que mejor te venía bien para que te hiciese compañía.
Mi hermano me miró fijamente y ella me dijo que para compañía tenía un canario, o se compraba un perro. Que los hombres de entonces daban mucha guerra y no eran como los de ahora.
Le conté a mi padre que estuvimos allí y todo lo que hablamos. Todo excepto lo del novio, que nosotras sabemos cuándo guardar un secreto. Eso me hacía ella a mí cuando le contaba yo que venía un chico detrás de mí. Y nada, dice que el lunes mi padre estuvo hablando con ella, y se puso a llorar porque le dijo:
-Ay, Jesús, hijo, que han venido desde Madrid para verme.
Así es que hoy, que es su cumpleaños le digo:
|