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A mi amigo Paco

Una de las cosas que más me gusta de Arturo Pérez-Reverte, es que ha veces, en su escrito semanal en el dominical, se dedica a rendir homenaje a un auténtico desconocido, a uno de esos personajes, sea hombre o mujer, que por pura casualidad y de manera fortuita, se cruza en su camino y por alguna oscura o quizás no tan oscura razón, deja marcada su huella en el escritor. Lo ha venido haciendo desde hace muchos años con excelentes resultados.

Esta vez voy a ser yo quien lo imite en este pequeño espacio del que dispongo.

Tengo un amigo… Se llama Paco y es un perfecto desconocido. No conozco sus apellidos, y por no conocer, no conozco ni su cara, pero durante dos o tres días se cruzó en mi camino, como suele decirse y hubo en él, algo que hizo que me sintiera a gusto.

Voy a relatar mi pequeña historia:

Cada día para ir al trabajo, cojo mi coche y hago unos veinte quilómetros de ida y veinte de vuelta. En este discreto recorrido por una de las carreteras nacionales de este país, como no, me cruzo a diario con un montón de camiones que con sus conductores al frente, transportan las mercancías de un lado a otro.

En la mayoría de los parasoles de las cabinas de esos enormes vehículos, generalmente se suele leer: "Juan y Pedro", "María", "Antonio", "Jesús y Olga"...

En fin, que esos trabajadores de la carretera han cogido desde años remotos, la norma de rotular en sus parasoles el nombre de sus hijos, el de su parienta, el de su chica o quizás, porqué no, el nombre de su amante.

Esos hombres, orgullosos de sus seres queridos, parece que clamen al cielo gritando a los cuatro vientos: “Oye, que tengo hijos y se llaman... Oye que tengo novia y se llama...”.

Pero bueno, ¿A quien le importa eso?

Un día por la mañana, cuando conducía tranquilamente, para luego empezar mi jornada laboral, me crucé con uno de esos hombres que hacen historia, con uno de esos hombres que se saltó la norma, que dijo: "Que se vayan a hacer puñetas los nombrecitos, yo voy a ser original".

Y os aseguro que lo fue. Lo fue tanto que desde aquel día es mi amigo, mi desconocido amigo.

Con una sencillez aplastante pero con una originalidad fuera de lo común, el hombre había rotulado en el parasol de la cabina de su camión: "Ya viene Paco".

Y no le faltaba la razón, puesto que cuando entraba con su vehículo en una de las fábricas para cargar o descargar material, todos sus compañeros de curro podían estar seguros de que efectivamente, ya venía Paco.

Desde aquí mi más sincera enhorabuena para esta gente que con su diferencia hacen que los demás reflexionemos y podamos plantearnos que para ser auténticos y originales, no hace falta disponer de grandes recursos. Muchas veces, solo nos falta un poquito de imaginación.