Principal Relatos Cuentos Poesías Opina
Sobre el mundo laboral
A mis amigos del Club de los Poetas Lokos.
A todas las mujeres que sufren acoso laboral.

Marta hoy cogió el coche y se dirigió a su puesto de trabajo. Le esperaba un día francamente duro.

Su compañera tenía una cita pendiente con el Sr. Jiménez, alias el "auditor".

A Marta jamás le gustó dejar las cosas para el último momento, por lo tanto contaba con algo a su favor, sus papeles en orden.

-Bueno -se dijo para sí misma -lo único que puede pasar es que al Sr. Jiménez le dé por estar impertinente y se disponga a ponerme más nerviosa de lo que ahora estoy.

Encendió la radio para aprovechar esos minutos de viaje lo más relajada posible y disfrutar del día que amaneció hoy; a pesar de todo, un sol resplandeciente iluminaba la estampa primaveral. Resignada y sin apenas motivación, comenzó su marcha.

En la radio tocaba la banda sonora de la película: "Bar Coyote", bonita canción... y cantó con desesperación. Sus manos tocaban el volante a un ritmo perfectamente combinado.

Siempre imaginaba ser ella la protagonista, su imaginación volaba cuando se trataba de cantar esta canción. A Marta le fascinaba el carácter de su protagonista, y ella se metía en el papel.

Se imaginaba siendo, por una vez en su vida, el centro de atención.

Al menos ella consiguió su sueño.

Llegó al destino, bajó del coche y respiró hondo.

-Allá voy.

Se había vestido para la ocasión, a su gerente siempre le gustaba que las administrativas fuesen impecables, ya se sabe, en una empresa, y en presencia del auditor, las apariencias dicen mucho del lenguaje no verbal de una.

En la espera, revisó que todo estuviese colocado en su sitio, en cualquier momento le podía pedir cualquier documentación y no le gustaban los imprevistos.

Mientras tanto, pensó qué fue lo que la incentivópara ser auxiliar administrativa, cuando en realidad detestaba su trabajo, siempre rodeada de papeles, teléfonos sonando al unísono, nueve horas y media metida entre cuatro paredes.. un sin fin de tareas que ella no recomendaría a nadie.

El ambiente laboral tampoco es que fuese muy propicio, era una empresa pequeña donde poco podía relacionarse con los demás.

El gerente no era para nada agradable, tenía un aspecto serio y tosco que no invitaba a la conversación a no ser que fuesen temas relacionados con el trabajo.

Marta recordaba cuando se sacó el curso de Gestión Administrativa, pensó que tampoco estaba tan mal, era interesante hasta que fue a realizar las prácticas y lo teórico pasó a un segundo plano.

Era la señorita recados, contaba con poca edad, poca experiencia y todos los trabajos que a nadie interesaban, iban a parar a sus manos.

Archivos de años anteriores, fotocopias y poco más... era aburrido. Hasta que un día se dio a conocer y comenzó a pasarse por los despachos uno por uno.

-Soy Marta, estoy en prácticas y para lo que necesitéis, estoy disponible.

¿En qué momento lo dijo? A partir de entonces, sería la chica de los recados.

Cada vez que pasaba por los pasillos, la llamaban: “Marta, ¿podrías hacerme estas fotocopias? Marta, ¿podrías archivarme esta documentación?, es que voy pilladísima”.

Siempre se recuerda a sí misma arriba y abajo con montones de papeles, archivadores y demás.

Hasta que llegó el día en el que uno de sus compañeros, le pidió ir a comprarle al bar de abajo una cajetilla de cigarros. Fue la gota que colmó el vaso.

Protestó a su profesor, pues no había estudiado para acabar así. Pero él le recordó lo difícil que son los comienzos.

-No quiero ser una administrativa nada más entrar, pero sí poner en práctica lo estudiado, esto no me sirve para nada. Cualquier persona sabe hacer fotocopias.

Le suspendieron las prácticas por protestar.

Se resignó a tener que realizar las tareas "propias" de una auxiliar, y consiguió aprobar el curso, sin muchos conocimientos, todo hay que decirlo.

A partir de entonces, estudió aparte, el diseño de páginas web.

Recuerda cuando entró en la empresa y el gerente le asignó el trabajo:

-Haznos la página, nos saldrá más económico que sila encargamos a un profesional.

Tenía alicientes para motivarse. Hasta que alguien echó por tierra su trabajo:

-Esto es una mierda.

Sí, se trataba del hijo del gerente, y el sucesor de la empresa. Jamás se sintió peor que cuando escuchó esta frase que tiró por el suelo tantas horas de trabajo. Todo había sido en vano.

A partir de ahí, nadie más la tuvo en cuenta.

Nada de lo que realizaba era merecedor de aplausos. Dios sabe que necesitaba aspirar a más, pero nada; veinticinco años, cuatro de ellos en la empresa, no habían servido para mejorar su situación.

Su compañera, con la que tenía una especial complicidad, intentó ponerla en contra del gerente. Y aguantó. La hicieron llorar, se sentía abatida, hundida, sin expectativas y lo que es peor, humillada.

Ahora, sabiendo cual es su cometido, o sea, realizar todas las tareas, tanto de auxiliar (lo que consta en su contrato) como de administrativa... sigue siendo la última en ser escuchada.

Total, es su trabajo ¿no?

Marta volvió en sí cuando vio aparecer al auditor por la puerta, pero notó cierta presión en el pecho, ya no eran nervios, ahora se trataba de rabia e impotencia.

-No pienso tragarme el marrón de otros...

Así fue, pidió disculpas, y ante la mirada atónita de su gerente y su compañera, dijo que se sentía indispuesta y tenía que marchar al médico.

-Esto no puedes hacerlo -dijo el gerente.

-Sí puedo, estoy enferma por esta empresa, y no estoy dispuesta a continuar perdiendo el pelo, con ansiedad, estrés, agotamiento permanente y un sueldo por debajo de mis tareas asignadas, que nada tienen que ver con lo que firmé en mi contrato, llevo cuatro años realizando el trabajo de una administrativa, y no me han subido de categoría para no tener que subirme el sueldo (pésimo) por cierto... y por supuesto, no estoy dispuesta a que los méritos se los lleven otras personas y a mí lo único que me den sean patadas en el culo.

Marta jamás se vio en semejante situación, no se imaginaba, ni por un instante, que fuese a hablar así a nadie... fue al médico, hacía un tiempo que tenía síntomas de abatimiento. Exacto, lo que ella sospechaba, le diagnosticaron ser una víctima más de moobing (acoso laboral) y fue dada de baja.

Recibió varias amenazas por parte de directivos de la empresa, pero permaneció en calma.

¿Por qué jamás valoraron su trabajo? ¿Por qué cada vez que ella intentaba alzar las alas, se las cortaban? ¿Por qué tuvo que darse cuenta demasiado tarde que no merece tanto la pena el trabajo como la salud?

Ahora Marta está cursando estudios de periodismo, lo que siempre deseó. Está mucho más concentrada y dispuesta, ahora sí, a no dejarse pisar por nadie.

Todos conocemos, en mayor o menor medida, situaciones insostenibles en algunos puestos de trabajo, donde los directivos abusan de su poder, y aprovechan nuestra situación económica, para retener al trabajador en silencio.

Como dijo en una ocasión Ernesto Che Guevara: “Prefiero morir de pié, a vivir siempre arrodillado".

El hecho de tener unos puestos por encima, no les da ningún derecho a tratar al trabajador sin respeto y a humillarlo.

Ante todo, somos personas. Y si se da alguna situación, no debemos ser cómplices, ¡denúnciemos!, basta ya de permanecer de rodillas ante el verdugo.