La agencia de proyectos que había abierto en la avenida principal hacía prácticamente un año, era pequeña, tan pequeña que solo cabían su primo Matías y él. Anselmo tenía la mesa del despacho llena de papeles, estaba sentado frente a la pantalla del ordenador, y se peleaba con aquel gráfico que debía tener acabado a primera hora del día siguiente.
-¿Aún no terminas, Anselmo?
-No, Matías, tengo que acabar este proyecto hoy mismo; haré unas modificaciones en esta capa del dibujo y bajaré al bar de Vicente a tomar un café, esta noche va a ser larga.
-¿Puedo ayudarte?
-No, esto es cosa mía.
-Bien pues, no te canses, me voy a casa.
-Adiós, hasta mañana.
El joven retocaba la figura punto por punto con la paciencia de un santo; era realmente un trabajo delicado, uno de aquellos trabajos que de tanto en tanto hay que abandonar y salir a tomar el aire, para luego volver a ponerse manos a la obra. Anselmo acabó toda una serie de detalles, se levantó de su asiento y miró desde lejos la pantalla con ojo crítico, para ver el efecto que habían producido en el dibujo los cambios que acababa de realizar. La figura empezaba a coger la forma y el relieve adecuados, y el hombre quedó bastante satisfecho del trabajo que había realizado.
-Antes de seguir, llamaré a casa y bajaré a tomar un café –se dijo.
Cogió el teléfono y marcó el número de su casa.
-Marta?... Marta?... sí, soy yo... escucha, tengo que acabar un proyecto y llegaré tarde, no me esperes para cenar... si..., ya sé que te prometí que iríamos al cine...no me esperes, ¿de acuerdo?, ya iremos mañana... sí mujer, ya comeré algo, no te preocupes.
El bar de Vicente estaba justo en la planta baja del edificio donde Anselmo tenía su despacho, y muchos días bajaba para desayunar o beber algo.
-Vicente, prepárame un café bien cargado.
-Se nota que hoy trabajarás hasta bien entrada la noche, el trabajo aprieta, ¿verdad?
El muchacho bebió su café con cierta prisa, y al salir del bar, se paró un momento en la calle; tenía la cabeza caliente y quería tomar un poco el aire antes de volver a ponerse frente al ordenador. Apoyó el brazo en el cristal del panel publicitario que había en la esquina. Hacía frío, y con unos minutos tuvo bastante para volver al trabajo con las energías renovadas.
Anselmo sepuso a trabajar en serio; el trabajo lo absorbía de tal manera que el tiempo le pasó con la rapidez de un rayo. Casi sin darse cuenta, había acabado. Ahora, miraba la pantalla del ordenador a cierta distancia, para apreciar de una manera más real el trabajo que había hecho aquella tarde. Estaba realmente satisfecho, mañana a primera hora, justo al llegar al despacho podría llamar a su cliente y, con el proyecto encima de la mesa, acabaría de concretar toda una serie de detalles para cerrar una de las campañas que le daría más dinero del que había visto hasta ahora. Miró su reloj; era tarde, posiblemente Marta estaría ya en la cama.
Cuando salió a la calle, se dio cuenta de que el tiempo había cambiado. Hacía más frío que horas antes, y soplaba un viento del norte que molestaba a cualquiera. Se abrochó el abrigo hasta el cuello. Al pasar por delante del panel publicitario, vio que faltaba el cristal en el que unas horas antes se había apoyado. Bajó la vista al suelo y no vio restos de cristales rotos por ninguna parte.
El muchacho levantó la vista y la clavó en el interior del panel. Habían cambiado el cartel. No sabría decir si lo habían cambiado hacía poco, o si cuando salió del bar aquella tarde, ya lo habían hecho.
Anselmo cambió de cara, una leve sonrisa se le dibujó en los labios. Aquel cartel que vería día tras día yendo o viniendo del trabajo durante unas cuantas semanas, quizás durante unos cuantos meses, lo haría sentir alegre, optimista, en definitiva, haría que se sintiera mejor.
Era un anuncio de una casa italiana de ropa interior, con una modelo de aquellas que cortan la respiración, bonita de cara y también bonita de cuerpo; no se podía pedir más. No cabe duda que es mejor cruzarse con la fotografía de una chica bonita, que con el dibujo de un móvil hecho trizas que pide a gritos que compren uno nuevo.
Anselmo se quedó embobado mirando la cara de la chica. Tenía una belleza fascinante, con unas facciones prácticamente perfectas, bien marcadas; los labios juntos, sugestivos, queriendo dibujar una suave sonrisa, tan suave que casi no se percibía; y aquellos ojos azules, grandes, despiertos, con una mirada profunda, penetrante, y con el toque exacto de maquillaje, que le daban un aire maravilloso. Para acabar de resaltar la imagen, el cabello negro azabache, se deslizaba por detrás hasta la mitad de la espalda, con una naturalidad encantadora.
Anselmo después de unos instantes reaccionó, y cuando se disponía a marchar hacia su casa, se dio cuenta de un detalle que posiblemente le hubiera pasado desapercibido, si su trabajo no fuera el retoque minucioso de dibujos y fotografías por ordenador.
-Es extraño, esta fotografía..., el fotógrafo no advirtió que la chica tenía frío e hizo la instantánea cuando la modelo tenía la carne de gallina. Los buenos profesionales acostumbran a cuidar estos detalles, a no ser que..., quizás la foto la hiciera un principiante.
El chico aproximó la vista a una de las piernas desnudas de la chica, y con los dedos de la mano derecha la resiguió desde el pié hasta el muslo, con gran suavidad, tratando de buscar la verdadera causa de aquel defecto en la rugosidad del papel, o quien sabe si en la imperfección del tablero del fondo del propio panel publicitario.
-Si fuera el papel, en toda la fotografía se podría apreciar el efecto, pero solo se ve en la piel de la chica.
Anselmo aproximó más sus ojos a la fotografía. Una voz femenina, tierna y suave, le sorprendió absorto en su investigación.
-¿Qué buscas?
-Busco una explicación, un detalle, un...
El chico, giró la vista a un lado y a otro y solovio unos cuantos hombres que salían del bar de Vicente hablando de sus cosas, no había chica alguna a su alrededor. La voz se volvió a oír cerca de él.
-No me toques la pierna, por favor, que me cogen escalofríos.
Anselmo se asustó, y pegando un salto, se apartó del panel. Era cierto que había trabajado demasiado aquella tarde, pero no podía permitirse tener alucinaciones. Hizo una serie de movimientos bruscos con la cabeza, como para querer pisar tierra firme, y se disponía a marchar en dirección a su casa para hacerse una infusión a base de tila, ponerse en la cama y olvidarse de todo, cuando aquella voz volvió a activar sus tímpanos.
-Tengo frío, ahora que has despertado mis sentidos más ocultos no me dejarás aquí, y menos con esta nochecita tan invernal que está haciendo ¿verdad?
El hombre volvióa mirar a su izquierda y a su derecha, delante y detrás, guiado más por el instinto que por la necesidad, cuando de pronto la chica dejó su postura profesional y alargó la mano con la intención de salir del panel publicitario. Anselmo cogió con suavidad la mano que la modelo le ofrecía y la ayudó a bajar a la acera.
-Pero... ¿qué haces?, ¿a dónde vas?, no puedes abandonar tu lugar; provocarás el caos.
El hombre hablaba como si fuera tan normal ver salir una modelo de su propia fotografía, pero en el fondo, no podía dar crédito a lo que estaban viendo sus ojos.
-A esta hora no pasa casi nadie por la calle, como mucho, unos cuantos borrachos que no son capaces de saber ni como se llaman; además, estoy helada, aquellos chapuzas que me han colgado en el panel, han roto el cristal, y con este frío, me han dejado sin ninguna protección.
-Claro, los propios chicos de publicidad se han encargado de los cristales rotos –Pensó Anselmo.
-¿Me dejarás así en medio de la acera, casi como Dios me trajo al mundo?, muévete, piensa alguna cosa hombre, necesito entrar en calor, déjame pasar la noche a cubierto, mañana por la mañana volveré a ocupar mi lugar de trabajo.
-Naturalmente, lo siento, ¿en qué estaría yo pensando?
A Anselmo le costaba razonar, pero viendo que la chica comenzaba a tiritar, se sacó el abrigo y lo puso en la espalda de la modelo.
-Esto te servirá de momento. Vamos, te llevaré a mi casa... no... a casa no, quizás a Marta no le parezca bien, mejor a mi despacho, que está más cerca.
-Marta?... quién es Marta?
-Es mi... bien, mi chica... mi pareja... quiero decir, mi compañera.
-Quieres decir ¿tu compañera sentimental?
-Sí, eso mismo.
-Tranquilo, no te crearé problemas, no soy más que el alma de una fotografía, una ilusión, un sueño.
-El sueño de cualquier hombre.
-¿Cómo dices?
Anselmo disimuló y cogiendo a la chica por el brazo, abrió la puerta de entrada al edificio y subieron juntos a la oficina.
-Ribera & Ribera. Un buen nombre para una empresa. ¿Trabajas para el señor Ribera?
-Soy el señor Ribera. Anselmo Ribera.
-Mucho gusto, Anselmo. ¿y el otro Ribera?
-El otro Ribera es mi primo Matías, somos socios y trabajamos juntos.
-Así pues, no hemos de tener miedo a que venga el dueño como acostumbra a pasar en situaciones como ésta, a no ser que aparezca tu primo.
-No lo creo, él ya ha acabado su trabajo por hoy. Pero oye... ¿Qué sabes tú de situaciones como ésta?, ¿Te has encontrado en estos trances otras veces?
-Claro que no, ¿qué te crees, que las chicas de las fotografías, abandonamos nuestro cartel todas las noches para pasear por la ciudad?
-No, no me refería a esto exactamente, es que...
Anselmo paró de hablar como si no supiera como continuar. No hubo más comentarios y el silencio empezaba a hacerse eterno cuando el joven lo rompió de nuevo, cambiando de tema.
-Por cierto, ¿como te llamas?
-Me puedes llamar Nuria, así me llamaba cuando era de carne y huesos.
La pareja entró en la oficina, y la muchacha se sentó en una butaca. Anselmo acercó otra butaca y le dijo que se tumbara a descansar. Al coger los pies de la chica para ayudarla, notó que los tenía más fríos que el hielo.
-Tienes los pies helados, debo hacer algo o te pondrás enferma. Espera...
El joven, se quitó los zapatos y le ofreció sus calcetines a la modelo.
-Es lo único que tengo, ponte mis calcetines; espero que no tengas demasiadas manías.
-No estoy en situación de tener manías. ¿Tienes alguna cosa caliente para beber o algo para comer?
-No; aquí no tengo nada, es una empresa familiar que por no tener, no tiene ni calefacción. Un momento... ya sé, iré a buscarte café y un bocadillo caliente, y de paso veré si Vicente puede dejarme una estufa eléctrica para esta noche.
Anselmo se puso los zapatos con los pies desnudos.
-Necesito el abrigo, creo que en mi despacho dejé un jersey, te irá bien.
El hombre, buscó por entre las cosas desordenadas que había en su despacho, y al salir con la pieza de ropa en la mano, vio que Nuria se había quitado el abrigo y lo esperaba de pie al lado de la butaca. La ropa interior de la marca que anunciaba, le daba una belleza sin precedentes. Anselmo, un poco turbado, le pasó el jersey y la chica se lo puso. Le estaba largo y le llegaba casi a las rodillas, pero parecía confortable.
El muchacho salió a la calle y Nuria aprovechó para curiosear un poco por la oficina. La puerta del bar estaba entreabierta y dentro aún había luz; el silencio era absoluto. Anselmo empujó la puerta y entró.
-Vicente, Vicente, necesito que me prepares tres o cuatro cafés y un bocadillo caliente.
-No me jodas hombre, ya tengo las máquinas paradas, me voy a casa, ¿te has fijado en la hora que es?, tengo una familia yo, ¿sabes chaval?
-Se trata de una emergencia hostia, ¿es que no lo ves?, además, necesito una estufa o alguna cosa que caliente, te lo voy a pagar bien.
-Vosotros los chupatintas, solo sabéis ofrecer dinero; no se trata de eso, se trata de que llevo desde las seis de la mañana en el bar y ya no puedo más.
-Por favor, es importante, no me dejes colgado ahora, serán unos minutos.
-Está bien, lo hago porqué eres un buen cliente, que si no, te mandaría a freír espárragos.
Unos minutos después, el joven abría la puerta de la oficina, y dejaba los cafés y el bocadillo encima de la mesita, después, colocaba una vieja estufa en el suelo y buscaba un enchufe donde conectarla. Se quitó el abrigo y lo colgó en la percha del recibidor. La chica empezó a comer el bocadillo como si hiciera días que no había probado bocado, y más tarde,los dos tomaron café.
-¿A qué te dedicas?
-Hago proyectos publicitarios, soy dibujante; hace cosa de un año abrimos esta empresa, yo me dedico a los proyectos y mi primo se dedica a la contabilidad y a la parte administrativa; nos complementamos bien. Por cierto, ahora en serio, ¿te había pasado alguna vez esto?... ¿como lo llamaste?... lo de que alguien te despertara los sentidos.
-Es la primera vez, de todas maneras soy nueva en el oficio. Me ofrecieron el trabajo hace unas semanas; me aseguraron que la sesión fotográfica la realizaría el mejor fotógrafo de la comarca, un tal Daniel Martínez, un chico del que decían que era muy profesional y que ponía su propia alma en la obra que realizaba, pero nadie me advirtió que también ponía el alma de las modelos que fotografiaba.
-¿Dani?, ¿Dani Martínez?, ¿aquel alocado?
-¿Lo conoces?
-Estudió la carrera conmigo, era un buen chaval, un poco revoltoso, con grandes aptitudes para la bohemia, muy autosuficiente y muy seguro de sí mismo, pero realmente fue un buen compañero. Después, se especializó en fotografía y yo en dibujo técnico. Desde que acabamos los estudios no he vuelto a verlo. Si coincides con él, puedes decirle que has hablado conmigo, le hará ilusión, o al menos eso creo.
-Será mejor que esto lo hables con Nuria, la de verdad, ¿no te parece?, porqué yo...
-Claro, tienes razón, tu ya no trabajarás con nadie.
Anselmo, recogió lo que quedaba del bocadillo y los vasos vacíos de café, y cuando queríalevantarse para echarlo a la basura, pasó su cara muy cerca de la de Nuria, las miradas se cruzaron y los labios se acercaron, ya no hablaban, aguantaban la respiración muy cerca el uno del otro, a punto de fundirse en un beso que prometía ser de película. El chico, retiró su cara sin dejar de mirar a Nuria, casi sin pestañear.
-Vo... voy al baño, ahora vuelvo.
Anselmo tiró los restos de comida en la bolsa de la basura y entró en el baño, abrió el grifo y se mojó la cara y la nuca con agua fría.
-¡Uaaauuuuu!, que pasada.
Suspiró hondo varias veces y salió de nuevo.
-Debo irme a casa, ahora ya estás bien, échate en las butacas como habías hecho antes y descansa. Mañana intentaré llegar pronto para acompañarte, de todas maneras, si necesitas salir antes, cierra la puerta de golpe.
Anselmo se disponía a estrechar la mano de la modelo, cuando se oyeron unos pasos en el rellano de la escalera, seguidos de ruido de llaves. La cerradura de la puerta de entrada a la oficina girabapoco a poco.
-¿No habías dicho que Matías no venía hasta mañana?
-Sí, no creo que sea él, no viene nunca por la noche.
-¿Alguien más tiene las llaves aparte de tu primo?
No hubo tiempo para responder a la pregunta; la puerta se abrió.
-¡Marta!, ¿qué estás haciendo tú aquí?
Después de un breve pero intenso silencio, uno de aquellos silencios que no se olvidan, la recién llegada, con una mirada amenazadora, desató con rabia su ira.
-He ido al cine ¿sabes?, he ido sin ti, sola, casi sin ganas, y ahora... venía a buscarte para que nos fuéramos a casa los dos juntos. ¿Así es como utilizas el despacho cuando te quedas hasta más tarde?, ahora entiendo que te guste tanto trabajar de noche, no tienes vergüenza; hace cuatro días que estás viviendo conmigo, y ya me la pegas, ya me lo decía mi madre, ya; todos los hombres sois iguales... no, no digas nada, no intentes que calle la boca, no he acabado; ¿de donde la has sacado a esta mosquita muerta?, ¿dónde la has ido a buscar?, ¿o es que te ha encontrado ella a ti?, y no me salgas ahora con que ha sido un accidente, un malentendido, esto no me lo trago, es lo que dicen todos ¿sabes?... Eres un... un degenerado. ¡Mierda!
Marta comenzó a sollozar de manera continuada y tenía los ojos húmedos; nopudo pronunciar ninguna palabra más y salió de la oficina cerrando la puerta con todas sus fuerzas.
Anselmo se quedó sin decir nada durante unos segundos. Cuando reaccionó, no sabía si correr detrás de su chica, o llamarla por el móvil. Decidió marcar su número.
-¿Marta?... escucha... no, no es lo que parece... déjame que te explique... maldita sea, ha colgado.
La Modelo intentóque el hombre se calmara, pero no lo consiguió. La propia oficina lo ponía nervioso y salió a dar una vuelta por las calles de la ciudad. Sabía que era difícil explicar a Marta todo lo que había pasado, y que aún era más difícil que la chica pudiera creerlo. Todo esto provocaría un alejamiento emocional de la pareja durante una buena temporada.
Con el nerviosismo del momento, había salido sin su abrigo; había dado vueltas y más vueltas por aquellas calles oscuras y desiertas, y ni tan solo lo había encontrado a faltar, pero ahora, tenía frío, un frío intenso que penetraba en su interior. No sabía qué hora era, pero en el horizonte se dibujaba un pequeño resplandor que anunciaba el nacimiento de un nuevo día. Volvió a su despacho, pero la modelo ya no estaba. Entró en cada departamento de la pequeña estancia, con la esperanza de encontrarla en algún rincón, pero ella ya se había marchado.
-Me hubiera gustado despedirme de Nuria, aunque haya sido la causa de la primera pelea importante que he tenido con Marta.
El hombre se puso el abrigo y bajó a la calle. Se aproximó al panel publicitario, y comprobó que la modelo se había colocado en su lugar y había adoptado una de aquellas posturas provocativas.
Anselmo volvió a su despacho, y después de intentar hablar con Marta unas cuantas veces sin un resultado satisfactorio, se puso a trabajar sin demasiadas ganas de hacerlo. Cuando llegó Matías, ya había impreso el proyecto que debía presentar.
-Haces mala cara muchacho, parece que hayas pasado toda la noche en el despacho, ¿de quien es esta estufa tan hecha polvo?
-Es de Vicente, ¿se la puedes devolver tu mismo?
-Si, naturalmente.
El hombre, al cabo de dos días, al ver que no colocaban el cristal en el panel y aprovechando sus contactos dentro del mundo publicitario, llamó a la empresa responsable para que se apresuraran; era lo mínimo que podía hacer por Nuria, dado que el tiempo no mejoraba.
Con el paso de los días, la relación entre Anselmo y Marta fue prosperando, aunque se resentía con cierta frecuencia y costaría volver a la normalidad. El chico sabía que cosas como aquella, no podían ser creíbles, y se ponía en el lugar de su compañera. Cada mañana, cuando el hombre iba a su trabajo y pasaba por delante del panel, pensaba en aquella noche, en aquel sueño lejano, y sonreía. La fotografía de Nuria lo reconfortaba, lo animaba a seguir adelante; y hasta a veces, tenía la sensación de que la chica le guiñaba un ojo desde su lugar de trabajo.
Aquella tarde, había salido temprano de la oficina, y al acercarse al panel vio a dos chicos jóvenes vestidos de azul. Mientras uno limpiaba el cristal, el otro recogía unos trozos de papel que había esparcidos por el suelo.
-¿Qué estáis haciendo?
-Cambiamos los carteles, es nuestro curro, hay que ganarse la vida como sea.
Anselmo subió la vista hasta el cristal clavando la mirada en el interior, y vio que habían quitado la foto de la chica, y en su lugar habían puesto un cartel que anunciaba la existencia de un nuevo restaurante chino en la ciudad.
El hombre se puso triste de repente, tenía la sensación que todo lo que había pasado se había perdido en el abismo, en un tiempo muy lejano, en un tiempo que no podía recuperarse, y cargado con ciertas dosis de nostalgia, empezó a caminar poco a poco en dirección a su casa, con la idea de seguir luchando para mejorar sus relaciones de pareja.
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