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Estas son
las citas más importantes de Sebastià Juan Arbó,
y las que de alguna manera lo aproximan más a su obra:
Mi
madre, es verdad, me quiso mucho, y cada vez más, según
pasaban los años; hubo un momento que no vivía sino
por mí, con el pensamiento en mí, y esperando siempre
mi regreso.
Con estas palabras,
el escritor nos dice que su madre, lo echaba de menos de una manera
muy especial, y que vivía esperando su vuelta a casa. Esta
misma situación, es la que Arbó plasma en su obra
"Tino Costa". La madre de Tino, solo vive con la
esperanza de que su hijo vuelva a casa, y deje de vagar por territorios
desconocidos. El hecho, aún es más significativo,
debido a que tanto en el caso de Tino Costa, como en el caso de
Arbó, la madre está en Amposta, y el hijo en Barcelona.
Yo
había llegado ya un poco crecido, muy desengañado
de la política y sobre todo de los políticos y
dispuesto a consagrarme por entero a lo que sentía que
era mi vocación.
En una carta
del 10 de Febrero de 1954, Sebastià Juan Arbó evocaba
los primeros meses en Barcelona entregado a su profesión,
y decepcionado por la política de aquella época; este
entorno social y político que lo rodea, marca de forma considerable
su obra.
Yo
tenía escrita una parte de la obra. Con ella, más
que nada, me divertía, evocando recuerdos de la infancia,
me emocionaba en algunos pasajes y, sobre todo, me consolaba.
Arbó,
cuando escribe este párrafo, se refiere al libro "Memorias:
los hombres de la ciudad", pero creo que podríamos adaptar
la frase a muchas de sus novelas, ya que muchas son las que tratan,
directa o indirectamente, los recuerdos de un tiempo pasado, que
parecía que era mejor para el autor; por lo menos lo era
en el ámbito sentimental.
S'ha
fet, ho torno a dir, un repàs amb cura, i mirant, sobretot,
el caràcter del llibre, i l'estat d'esperit amb què
fou escrit, de manera que pot afirmar-se que aquesta edició,
amb tots els seus defectes, que els té, podrà quedar
com definitiva.
(Se
ha hecho, lo vuelvo a decir, un repaso meticuloso, y mirando,
sobre todo, el carácter del libro, y el estado de espíritu
con que fue escrito, de manera que puede afirmarse que esta edición,
con todos sus defectos, que los tiene, podrá quedar como
definitiva.)
Con estas palabras,
Juan Arbó refuerza el hecho que muchas veces ha vuelto a
escribir parte de sus novelas, para mejorarlas, para superarse a
sí mismo. Tal es el caso de "Notes d'un estudiant
que va morir boig", de la que editó tres versiones.
En una carta que se edita como introducción a la novela "L'espera",
del año 1992, deja esta característica propia, muy
clara:
Si
haguessis vist quantes i quantes vegades he escrit i tornat a
escriure tal o tal pàgina i tal o tal capítol sencer;
et dic en veritat que de vegades el cap em rodava.
(Si
hubieses visto cuantas y cuantas veces he escrito y vuelto a escribir
tal o cual página y tal o cual capítulo entero;
te digo en verdad que a veces la cabeza me bailaba.)
Les
màquines modernes s'han endut, amb els segadors, amb la
cançó de la sega i de la batuda, usos i costums
, creences i diversions que eren la gràcia de les nostres
terres, l'encant principal i la poesia.
(Las
máquinas modernas se han llevado, con los segadores, con
la canción de la siega y de la batida, usos y costumbres
, creencias y diversiones que eran la gracia de nuestras tierras,
el encanto principal y la poesía.)
A pesar de que
Sebastià Juan Arbó, sabía perfectamente las
grandes ventajas que ha aportado en los campos de cultivo la nueva
maquinaria agrícola, muchas veces se debate en una nostalgia
infinita, en la que sus recuerdos más preciados, estaban
muy lejos de estas nuevas tecnologías, y precisamente eran
los recuerdos que le daban el material para escribir estas novelas
tan entrañables. Los sentimientos de una persona, muchas
veces se agarran a la nostalgia de las vivencias anteriores. El
mismo lo explica:
Hi
ha una evident oposició entre les dues tendències;
entre la poesia i el progrés. En aquest conflicte, doncs,
entre poesia i progrés, que divideix tantes ànimes
i fins i tot dins elles mateixes, l'artista, l'home de sensibilitat,
sempre s'inclinarà pel sentiment.
(Hay
una evidente oposición entre las dos tendencias; entre
la poesía y el progreso. En este conflicto pués,
entre poesía y progreso, que divide tantas almas y hasta
dentro de ellas mismas, el artista, el hombre de sensibilidad,
siempre se inclinará por el sentimiento.)
Otro párrafo
nos explica posiblemente, el perqué de la esencia de la novela
de Arbó:
Hi
ha, sí, l'home, hi ha l'home etern, amb l'odi i amb l'amor,
les penes i les alegries; hi ha l'home en lluita amb el medi i
per la seva subsistència i la dels seus.
(Hay,
sí, el hombre, hay el hombre eterno, con el odio y con
el amor, las penas y las alegrías; hay el hombre en lucha
con el medio y por su subsistencia y la de los suyos.)
Estas luchas
del hombre con su entorno siempre han estado presentes dentro de
las novelas de Juan Arbó.
Las siguientes
palabras, nos dicen aquello de que los tiempos cambian al hombre:
Avui,
és cert, no escriuria aquesta obra, o l'escriuria diferent;
les meves idees han canviat, i han canviat quasi els meus sentiments;
la meva visió del mon i de la vida és molt distinta
de la que tenia en aquell temps, però, aquesta visió,
l'he posada en els llibres darrers.
(Hoy,
es cierto, no escribiría esta obra, o la escribiría
diferente; mis ideas han cambiado, y han cambiado casi mis sentimientos;
mi visión del mundo y de la vida es muy distinta de la
que tenía en aquel tiempo, pero, esta visión, la
he puesto en los últimos libros.)
Es verdad que
en la obra de Arbó, podemos diferenciar dos etapas, según
la época de su vida en que la escribió.
Hi
ha molts records que són certs; hi ha molts personatges
que s'assemblen a d'altres de veritat, però "no els
són"; cap d'ells, entenguis bé.
(Hay
muchos recuerdos que son ciertos; hay muchos personajes que se
parecen a otros de verdad, pero "no lo son"; ninguno
de ellos, entiéndase bien.)
Al publicar
"L'inútil combat", se habló mucho,
y se comentó en la comarca del Montsiá, sobre las
similitudes que se podían esconder respecto a personas conocidas,
y Arbó dejó bien claro, que aparte de los recuerdos,
los personajes no eran reales.
He
escrito con el corazón.
Cuando escribió
esta frase, el escritor se refería a su segunda obra de memorias,
pero creo que bien se podría extender a toda su obra. Es
admirable la ternura con la que escribía cada uno de los
capítulos, y la manera que tenía Arbó, de recrearse
en cada uno de ellos, en cada una de las frases, incluso en cada
una de las palabras, para llegar a formar un volumen compacto y
bien elaborado. Realmente podemos afirmar que Arbó ponía
su corazón en cualquiera de sus escritos.
No
se si esto significa mi cese como colaborador de La Vanguardia,
aunque mucho me lo temo. Si es así, si usted cree que con
mis ideas, con mi manera de pensar i sentir, no puedo figurar
entre sus colaboradores, no le censuro y acato su decisión.
Mi ilusión naturalmente sería continuar. Mi colaboración
en La Vanguardia ha sido para mí un honor, pero
también una necesidad. A los honores, hoy por hoy, puedo
renunciar fácilmente; no así a la obligación
de subvenir a las necesidades de los míos. No obstante,
si ello significaba el tener que ir contra mis sentimientos, si
era el precio de mi independencia y de mi libertad espiritual,
renuncio de antemano a ello, y lamento - se lo digo sinceramente
- que estuviéramos engañados en este punto desde
el principio.
Este párrafo
de la carta escrita el 10 de Febrero del año 1954, lo he
puesto íntegro, porqué es donde se ve de una manera
más clara, que el escritor luchó de una manera real
por sus principios, luchó por explicar en cada una de sus
obras, la verdad, su propia verdad; y que escapó siempre
de temas que fuesen en contra de sus sentimientos, de su manera
de ver la vida.
No
es todo lo buena que yo hubiese querido, pero es todo lo buena
que he podido.
Esta última
frase va dirigida también al segundo libro de sus memorias,
pero engloba un significado muy especial. Sebastià Juan Arbó,
era un hombre que con toda la humildad del mundo, nunca estaba del
todo satisfecho con su obra, siempre le veía los defectos,
siempre podía mejorar y retocar este o aquel capítulo.
Arbó era un hombre que siempre quería superar la obra
que había escrito, pero cuando finalmente la daba por acabada,
se conformaba pensando que había hecho todo lo que había
podido.
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